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Artificial Intelligence
Nuclear weapons
Speeches and Discussions

La inteligencia artificial debe desarrollarse y gobernarse en beneficio de la humanidad

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Foto: Bulletin of the Atomic Scientists

En un evento celebrado en el Vaticano sobre inteligencia artificial y armas nucleares, organizado por la Asamblea Global de Premios Nobel, Juan Manuel Santos destaca la importancia de garantizar que la tecnología se desarrolle y se gobierne en beneficio de la humanidad.

Lea sus declaraciones:

Excelencias, colegas, señoras y señores:

Es un inmenso honor y un privilegio dirigirme a esta Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear. Estoy profundamente agradecido con Su Santidad, el Papa León XIV, y con todos los organizadores por reunirnos en este magnífico escenario para abordar un asunto de semejante trascendencia.

Los temas que hoy tenemos ante nosotros son, literalmente, asuntos de vida o muerte para todo el planeta.

Enfrentamos el enorme desafío de garantizar que la inteligencia artificial sea desarrollada y regulada en beneficio de la humanidad, así como de responder eficazmente a las amenazas que plantea para nuestro futuro.

Al mismo tiempo, enfrentamos una amenaza creciente de guerra nuclear. Los mecanismos de control de esta clase de armas entre Estados Unidos y Rusia se han deteriorado, mientras surge una peligrosa nueva carrera armamentista, acompañada por la rápida expansión nuclear de China.

Después de décadas de reducción, los arsenales nucleares están comenzando a crecer nuevamente. A la vez, vemos a líderes recurrir a amenazas nucleares cada vez más explícitas, desde el presidente Putin hasta el presidente Trump.

Para quienes crecimos en medio de la Guerra Fría, la amenaza de la aniquilación nuclear estaba siempre latente. Luego respiramos aliviados tras el colapso de la Unión Soviética. Por eso resulta desconcertante encontrarnos nuevamente frente a esta amenaza.

Lo más preocupante es que, mientras en las décadas de 1970 y 1980 cientos de miles de personas salían a las calles para exigir el desarme nuclear, hoy este asunto apenas aparece en la conciencia pública.

Por eso este encuentro es tan importante: sirve para dar voz de alarma y buscar soluciones.

La urgencia es aún mayor porque, en paralelo, hemos presenciado un alarmante deterioro del multilateralismo y del respeto por el derecho internacional.

Apenas ayer el gobierno de Estados Unidos anunció que perseguirá a cualquier persona que apoye a la Corte Penal Internacional. ¿Pueden creerlo?

Como lo destacó el Santo Padre en su reciente Encíclica, estamos viendo cómo los límites éticos se erosionan ante la búsqueda del poder.

Esta amenaza nos conduce a un mundo en el que la fuerza se impone sobre el derecho y en el que los Estados nucleares más poderosos se sientan autorizados a recurrir a la agresión contra Estados que no poseen armas de esta naturaleza.

El desarrollo de capacidades de inteligencia artificial, cada vez más avanzadas, introduce un elemento adicional de imprevisibilidad en este escenario.

En términos generales, los Estados que poseen armas nucleares reconocen la importancia de mantener el control humano sobre su posible utilización. Sin embargo, aún existe una comprensión insuficiente sobre las consecuencias de integrar cada vez más la inteligencia artificial en los sistemas de mando y control nuclear. Asimismo, el impacto de la inteligencia artificial no está contemplado en ninguno de los acuerdos nucleares actualmente vigentes.

A medida en que aumenta nuestra dependencia a la inteligencia artificial para la toma de decisiones nucleares, también crece el riesgo de perder control humano sobre estas armas capaces de poner fin a nuestra civilización.

Estos asuntos tocan el núcleo mismo de nuestra humanidad. Por esta razón, Los Elders —el grupo de líderes mundiales independientes fundado por Nelson Mandela que tengo el honor de presidir— cuenta con programas de trabajo dedicados tanto a la inteligencia artificial como a la amenaza nuclear.

Nos preocupa profundamente que en la actualidad no exista un mecanismo mundial vinculante para la regulación de la inteligencia artificial. Sin un control eficaz, será difícil garantizar que la inteligencia artificial se convierta en una fuerza para el bien, guiada por la dignidad humana, la responsabilidad, la rendición de cuentas y el estado de derecho.

Aplaudimos el llamado del Santo Padre a desarmar la inteligencia artificial, así como su liderazgo moral. Solo actuando con un espíritu similar podremos hacer frente a las amenazas existenciales que enfrenta la humanidad y dejar a las futuras generaciones un mundo más pacífico y sostenible.

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